
Ver las fotografías de José Frisuelos proporciona una sensación de tranquilidad y sosiego.
¿A qué es debido esto?
El mismo José indica en el prólogo de su libro:
"... Para ver estas fotos hay que sentarse en una silla cómoda, con una buena luz que las ilumine, una buena música suave e
intentar meterse dentro de ellas y de los personajes que aparecen, hay que leerlas muy despacio..."
Intentando realizar un análisis formal de las mismas, puede decirse que son fotografías sencillas, limpias, sin complejidades.
Al tiempo son fotografías correctas, con un encuadre clásico y una excelente calidad final.
Reflejan momentos cotidianos, nunca reflejan un hecho excepcional.
¿Entonces por qué nos llaman la atención?
Porque buscan la complicidad del espectador.
Al ser fotografías que no agreden, una visualización superficial de las mismas, hará que no quede en nuestra memoria ni rastro de ellas.
Pero si nos metemos en ellas, podremos observar que son retazos de vida obtenidos en un tranquilo paseo por el mundo.
Son los suaves recuerdos que todos almacenamos en nuestra memoria.
Son las imágenes amables que todos hemos visto cientos de veces.
Son fotografías que no nos gritan, pero que para saborearlas hemos de guardar nosotros el silencio necesario para oir lo que nos susurran.
Ese es el gran valor de las imágenes de José Frisuelos.
Manuel Rodríguez Redondo

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